R. Majadahonda 2-2 R. Zaragoza
El Real Zaragoza arregló
mínimamente lo que iba para desastre absoluto en el campo del Rayo Majadahonda. El 2-2 final
supo a gloria a los aragoneses, pese a que a priori el interés supremo en este
duelo directo era logra el triunfo ante un adversario que no gana desde noviembre
(8 jornadas). Y es que, cuando se
encaró el último cuarto de hora del partido, los de Víctor Fernández
deambulaban groguis sobre el mojado césped del Cerro del Espino tras haber
encajado el 2-0 en medio de una noche llena de defectuosas praxis futbolísticas
en muchos de sus hombres. Por suerte y acierto, el equipo zaragozano encontró
la luz en el final del duelo para, al menos, no salir derrotado y sumar un
punto que, pese a su escasez en tiempos de apreturas, es oro molido
ante el batacazo que se previó poco antes de la remontada final.
El primer tiempo
pareció la continuación exacta del global de último partido de los
zaragocistas, el de la semana pasada, que perdieron 0-2 en La Romareda ante el
Málaga en una catarata de ocasiones perdidas ante la portería rival y encajando
goles en las pocas llegadas sobre el marco de Cristian Álvarez. Fue como si no
hubiesen pasado 6 días, como si se estuviera jugando aún aquel duelo ante los
andaluces. El Zaragoza dominó más y, por momentos, abrumadoramente al Rayo
Majadahonda, al que cosió a córners y a centros al área. Pero nadie vio puerta.
Nadie encontró el último pase decisivo. Todo fueron fuegos de artificio.
Y, cuando la cosa parecía encaminada al 0-0
en el descanso, en la primera llegada clara de los madrileños, Ruibal marcó el
1-0 para penalizar al espeso equipo de Víctor Fernández, que no mejoró sus
defectos. Al contrario, los repitió y con mayor profundidad si cabe.
De este modo, la
lluviosa y heladora tarde majariega alcanzó el intermedio con un aluvión de
dudas sobre los zaragocistas. En un estado de shock evidente porque ese tanto
tan dañino había llegado en el minuto 42 y tras infinidad de amagos aragoneses
en el área de los locales. No
era justo el tanteador, pero el fútbol no sabe de compensaciones equitativas, solo
de rentabilidades matemáticas. Ya se sufrió ante el Málaga con heridas
lacerantes y, de nuevo, se volvía a repetir episodio ante un rival más modesto
que los malacitanos, este Rayo
Majadahonda que asomó un tanto timorato, con un 5-3-2 muy conservador, que
regaló el balón al Zaragoza mucho más de lo esperado.
Los primeros 20
minutos fueron feos. Llenos de centrocampismo, de pérdidas de balón de unos y otros,
de falta de precisión. Solo una colada del luego goleador Ruibal, cuyo disparo
se marchó muy cruzado en el minuto 8, y un disparo templado y fofo de Pombo que
paró bien Cantero en el 10, fueron las aproximaciones de unos y otros a las
zonas de peligro. El partido despertó, a través de
una serie de media docena de saques de esquina a favor de los zaragocistas, en
torno al minuto 25. En esa fase, el joven Soro pudo adelantar al
equipo, pero su cabezazo a centro de Lasure se estrelló en el poste izquierdo
con Cantero ya batido. Fue una pena porque todo hubiese tomado un camino bien
distinto al posterior.
Después de una nueva
depresión en la velocidad del fútbol de ambos equipos, fue
Gual el que amenazó al Rayo Majahonda, robándole el balón al portero Cantero en
una indecisión, pero sin lograr concluir la acción con remate entre palos por
parte de nadie de los tomates (el Zaragoza vistió de rojo en Madrid por
coincidencia exacta de colores con los rayistas). Ese despertador, en vez de
serle útil al equipo de Fernández, hizo de revulsivo para los locales. Tras una pérdida de Eguaras en la
medular, el balón lo recibió Ruibal solo tras los centrales, encaró a Cristian
Álvarez, lo regateó y marcó a puerta vacía pese a estar muy escorado. El
Zaragoza volvía a meterse en su habitual lío de cada día, por detrás en el
marcador en primera instancia como ya es costumbre.
El aragonés Luso
Delgado, central local, pudo marcar el segundo tanto en el minuto 44, pero su
remate en una contra se marchó raso y cruzado por poco, a la derecha del marco
zaragocista. En la última jugada del primer periodo, Soro clonó su remate de cabeza
que antes fue al poste y, esta vez, la pelota se le marchó fuera a un palmo del
mismo palo. Y llegó el intermedio con caras largas y de decepción. El
entrenador majariego, Iriondo, hizo un cambio: quitó al juvenil Guerrero,
inédito en punta, y dio entrada a Aitor García, sorprendente suplente esta
vez. Víctor Fernández, por su parte, decidió
esperar un poco más para mover el árbol.
El Zaragoza necesitaba
mucha mejoría. Igbekeme no había existido. Eguaras tampoco. Gual no había
recibido juego potable, lo mismo que Pombo. Todo flotaba en un fútbol grumoso,
ineficaz, en zonas de nadie. De entrada, esta vez, al contrario que al inicio
del choque, fue el Majadahonda el que arrancó el segundo tiempo más
enchufado. Pidieron penalti por caída de Isaac en
el minuto 48 y lanzaron un par de córners con veneno, algo que no
se había visto en absoluto durante la primera mitad. La lluvia arreciaba y el
envoltorio, inusual y áspero desde el principio, aún se hizo más arisco para
los zaragocistas.
Y justo cuando Víctor Fernández
dedició introducir en el campo al ‘9’ Álvaro Vázquez en pos del empate (suplió
a un desdibujado y desconocido Pombo), llegó el golpe en el hígado del 2-0 a
favor de los de Madrid. Una
nueva contra veloz, un pase al hueco sobre el exzaragocista Isaac, un disparo
duro de éste que rechazó con apuros Cristian Álvarez y Fede Varela remachó a
placer viniendo solo desde atrás. De nuevo todo el Real Zaragoza
retratado para mal. Sin chispa, sin perspicacia en los balones divididos, sin
retroceso ante los contragolpes locales. Y, con el balón en los pies, ciegos,
sin que nadie tuviera claro qué hacer para llevar peligro ante un inédito
Cantero. Esto último, pecado mortal para un equipo que vive en tantos apuros en
la clasificación como el actual Real Zaragoza.
A falta de 20
minutos, Papunashvili relevó a la desesperada a
un cansado Zapater. Intentar al menos el empate, anotar dos goles
en tan corto espacio de tiempo y con las trazas que tenía la noche, se antojaba
un milagro. Pero, enmedio de la sensación de K.O.
que mostró por momentos el cuadro zaragocista tras encajar el segundo tanto,
Soro, el mejor atacante del día, se sacó un zurdazo seco nada más pisar el área
que superó por alto a Cantero y acortó distancias a falta de 17 minutos. Los
tomates apostaron otro día más por la épica. Mal vicio. Y
Papunashvili, en el 76, a punto estuvo de lograr el empate en un chut cruzado
desde el pico del área, que se le marchó fuera por centímetros. El Zaragoza
despertó, tarde, pero al menos dio la cara en el último cuarto de hora.
Y, por fortuna, de
entre tanta mácula previa, surgió la inspiración y ese puntito de suerte
necesaria para obrar este tipo de remontadas. En el minuto 80, Eguaras se estrenó como goleador en el
Real Zaragoza con un tanto de bandera, por la escuadra derecha, en una volea
preciosa tras el rechace de la barrera a una falta frontal lanzada mal por él
mismo en primera instancia. El 2-2 arreglaba mucho las sensaciones y
certezas que se tenían solo 8 minutos antes. Del desastre absoluto (con el 2-0 el Zaragoza perdía
hasta el ‘golaverage’ con los majariegos tras el 2-1 de la primera vuelta) se
pasó en un plis plas a un paliativo medianamente aceptable en días de máxima
necesidad. Y se encaró así la recta final del duelo, con dominio zaragozano y
el viento de cola en lo anímico.
Pero ya no hubo más
magia en la chistera. Se agotaron los polvos del hada madrina con el bellísimo
tanto de Eguaras. El choque se fue hasta su
conclusión sin que el marcador pudiera moverse en ningún sentido, con
los locales dolidos por haber dejado vivo al Real Zaragoza y con los de Víctor
Fernández resoplando de alivio por el trago amargo que evitaron in extremis a
base de azar y dos individualidades magníficas en el remate a gol, su gran
defecto otra vez, que protagonizaron dos centrocampistas, Soro y Eguaras, sus salvadores
puntuales en un día oscuro en lo colectivo.
Al final, Majadahonda y Real Zaragoza
siguen igualados en el abismo de la clasificación, con 23 puntos. Eso sí, con
el empate final, los zaragocistas ganan el factor ‘golaverage’ a los
madrileños.
Rayo Majadahonda: Cantero; Isaac
(Andújar, 87), Rafa, Héctor Verdés, Luso Delgado, Benito; Óscar Valentín,
Verza; Guerrero (Aitor García, 46), Fede Varela; y Ruibal.
Real Zaragoza: Cristian
Álvarez; Benito, Guitián, Álex Muñoz, Lasure; Eguaras, Zapater (Papunashvili,
71), Igbekeme; Soro, Pombo (Álvaro Vázquez, 57); y M. Gual (P. Biel, 86).
Árbitro: Pérez Pallas (Comité
Gallego). Amonestó a Luso Delgado (82) y Verza (93).
Goles: 1-0, min. 42:
Ruibal. 2-0, min. 62: Fede Varela. 2-1, min. 73: Soro. 2-2, min. 80: Eguaras.
Incidencias: Tarde gélida al
noroeste de Madrid, con apenas 2 grados y lluvia, por momentos aguanieve. El
césped presentó un aspecto muy irregular, bacheado. En las pequeñas gradas del
Cerro del Espino, sobre un aforo de 3.300 butacas, hubo alrededor de 2.500
espectadores, con unos 800 zaragocistas entre ellos.
Empate del Rayo Majadahonda en casa ante el R. Zaragoza
después de tener una ventaja de dos goles. El mediapunta, Fede Varela, fue de los jugadores más destacados de su equipo y
consiguió el segundo gol.